Verso y Error, de Yago Reis.

Hace un poco tuve el enorme placer de prologar un libro de Yago Reis, un poeta fantástico, posmoderno, atrevido y veraz que pese a tener un dominio innegable de las formas y estéticas del mainstream de la poesía –si es que eso puede existir-, no duda en arriesgar en cada trabajo. Su obra me encanta, tanto que le he convencido para colgarla aquí… aunque habría que decir que no ha sido un trabajo brutal –he tardado más en localizarle en su retiro digital autoimpuesto, que en convencerle propiamente dicho-…

[box type=”download”] Libro Verso y Error[/box] [box type=”download”] Portada de Verso y Error, de Yago Reis [/box]

A continuación, dedicado a esas raras personas que se los leen, :DDD el prólogo:

Me gusta la propuesta de Yago.

Primero porque es esencialmente una propuesta. Se escuchan quejas sobre la poca lectura que genera la poesía, de que las nuevas generaciones vuelven la espalda a la poesía ‘de verdad’. Sí. Mientras los defensores del antiguo régimen poético se atrincheran en la academia y en los jurados de sus tan respetadísimos como poco leídos premios, los nuevos lectores ya toman partido en la elección de la narrativa que deciden leer. Los nuevos amantes de la poesía no han renunciado al lenguaje, que les configura como seres humanos, ni a la poesía como arte, que con su carga de connotación les permite este margen de individualidad que amortigüa su forzoso engarce en la sociedad. La poesía ni muere ni enferma. Sencillamente no es esperable en el momento que corre que la gente se acerque a esa poesía de gabinete, de los premios –no citaremos, por si esta obra llega algún día a conseguir uno-, de aquellos que se quejan de que el destinatario no se prende de SU poesía. Como creador no es el momento de abandonar la poesía a las restricciones de quienes marcan la moda, prostituyendo la tendencia llamándola novedad. Tampoco de cargar al lector de obligaciones hacia la sacralidad del poema. Es el momento de insuflar vida a la poesía, de refrescarla con propuestas, con planteamientos genuinos. Y Yago, basta con ojear -u hojear- el libro, lo hace.

Exigencia irrenunciable en un poema es un compromiso de sinceridad artística que se sustancie en la búsqueda de lo novedoso y una vocación de participación del intérprete del poema, el mal llamado destinatario. Lo nuevo, lo genuino, significa siempre huir del esquema jerárquico de la producción poética reificado en un orden chamánico del poema, abrigado en un vocabulario ofuscado innecesariamente y sustentado en las corrientes; modas al fin y al cabo. Esa moda, en fin, habría que recordar que es un invento comercial-industrial, que la crítica poética, tan permeable ella, ha aceptado de buen grado contra el beneficio de ser quien elabore los dictados. Y esto está en buena medida reñido con la segunda de las exigencias irrenunciables del arte y, por ende, de la obra poética: la necesidad de participación del espectador para empoderar la obra[1]. Si el poeta ciñe su creación a convenciones dictadas por una oligarquía caduca, garrula, autócrata y desconectada no estará buscando hacer participar al público potencial hasta el punto de convertirse en cocreadores del poema: desengañémonos: esos jóvenes que tildamos de incultos podrían simplemente tener otra cultura. Pero por encima de todo son los lectores de poesía no del mañana, sino de hoy… ‘Está claro que si continuamos a habitar nuestra esquina de la escena, la dominaremos, sí, pero estaremos sólos’[2].

Yago hace con Verso y Error, una declaración inequívoca de intenciones. Reescribe la genuinidad desde un desequilibrado terreno de nadie, eslabón entre esos jóvenes irredentos y la senectocracia cancerbera de una poesía que no dejan airear. Y es que el arte, la poesía, sólo se encuentra en el desequilibrio, en la entropía, en la renuncia la clasificación. Yago, tiene el conocimiento profundo de raíz e historia literaria, pero demuestra su desapego a ejercer aquel chamanismo excluyente redimiendo esos avatares –Dédalo, Venus, Pigmalión,…- y reconstruyéndolos para que sean asumibles por el nuevo público. No se puede contar con la colaboración del antes ignorado público si se le obliga a revisar –o descubrir- estos personajes clásicos en su contexto, una época histórica que queda, ahora, demasiado remota. El camino sólo puede ser el contrario. Los versos de Yago pueden entenderse desde la proyección al netmodernismo de los conceptos desnudos que cada personaje esconde, hasta acaso llegar a convertirse en un teaser para lanzarse a investigar más allá. Hay que contar de nuevo el mito del diluvio, para que parezca creíble, tras demasiados intentos de los curas por renegociarlo. Hay que insertar Dioses y Héroes en la dialéctica de la explosión de la comunicación, coches y teléfonos incluidos. Hay que traerlo al presente: los nuevos lectores se han dado cuenta de que es el único punto en el continuo del tiempo que existe realmente.

Pirra y Deucalión

Intentando cambiar esa maldita rueda,

en medio de la noche, nos arrastró el diluvio.

Una vez a cubierto, con el motor en marcha,

llegábamos a casa

[…]

 

Eco y Narciso

Jadeando en el túnel abstracto del teléfono

hilan tus carcajadas un piropo fingido

[…]

Pero además, la obra poética que se nos presenta debe esquivar otro obstáculo antes de llegar al lector de manera exitosa. En la época de la Wikipedia homogeneizante, intersubjetiva y letalmente rápida, los versos de Yago deben de incorporar algo más a la hora de referirse a esos conceptos ideológicos, instituciones, patrones y valores clásicos que están tan presentes como siempre. Frente a aparente sencillez del cartesianismo wikipédico a la hora de dar respuestas, este libro añade nuevas preguntas. Una audacia cuando las respuestas ya están dadas. Una audacia más en la manifestación de este delicioso poemario, de sus no negociables. Con Internet al alcance de la mano y la impensable ligereza de Google a la hora de dar respuestas, sólo se puede contar con la complicidad del público ignorado hasta el insulto si se le proporciona algo más. Interrogantes. Las preguntas desgranadas en poemas cortos y potentes –una exigencia que impone la multitarea de la atención subyacente al nuevo escenario sociológico- están cuasiesloganizadas hasta el punto que una buena parte podrían convertirse en luminosos tweets, usando a Perseo y Narciso como excusa evocadoramente lejana pero presente… esto es lo que Yago nos añade.

Yago comprende que sólo puede llegar a su público dejando los mitos en lo esencial –quizás es en lo esencial, sin los caireles[3], como luce más espléndida la poesía-, aunque no por ello renuncia a su amplitud de registro y conceptual, a su inmenso mundo connotativo[4] que constituye un descubrimiento y un acicate para el lector/co-creador. Al fin y al cabo, lo que hace Yago es reinterpretar el universo de los mitos[5]. Es seguro que sólo reduciéndolos a lo sustantivo o, más propiamente, limpiándolos de lo accesorio se pueden enlazar en nuestra condición posmoderna… o la netmoderna que viven los diletantes lectores primerizos, a esos que hay que captar para que perpetúen el batallón de los futuros soportes de la poesía. Pero por otro lado, Yago pone sobre el tapete un elemento nuevo –muy nuevo en los tiempos que corren- espoleando el extrañamiento[6] de sus lectores y dislocando su percepción a otras ubicaciones desde las que el lector puede lograr una perspectiva divergente sobre las mismas cotidianeidades. Se trata de eso, de trans-ubicar los mitos, de copiarlos al presente para librarlos de su carga estática, asentada –y por ello antiartística- y colgarlos el cartel de ‘en proceso continuo de reinterpretación[7]. Y con ello de vindicarlos como genealogía de nuestra percepción, de nuestras instituciones ideológicas más profundas y volverlos a poner al servicio de las personas.

¿Dije ya que me encanta la propuesta de Yago?

CC-BY 3.0 [Raúl Antón Cuadrado] 11/2012

http://www.comunicaciónextendida.com


[1]La obra de arte sólo es completa si opera en la experiencia de otros distintos de su autor’ (Dewey 2008, 119).  Esto es, el espectador es, deviene en alguna medida, coautor de la obra ya que ‘el acto creativo no se realiza por el artista solamente; el espectador pone el trabajo en contacto con el mundo externo al descifrar e interpretar su cualificación interna y por esto añade su contribución al acto creativo’ All in all, the creative act is not performed by the artist alone; the spectator brings the work in contact with the external world by deciphering and interpreting its inner qualification and thus adds his contribution to the creative act.’ (Duchamp 1957).

[2]It’s clear that if we continue to inhabit only our corner of the scene, we will dominate it, yes, but we will be there with ourselves. It also seems clear that is not an “if” if digital language will enter the academy, but a “when”. Glazier, Loss Pequeño. «Announce E-Poetry 2013.» Electronic Poetry Center. University of Buffalo.

[3] ¿Acaso no dijo esto León Felipe? ‘Deshaced ese verso. / Quitadle los caireles de la rima, / el metro, la cadencia / y hasta la idea misma… / Aventad las palabras… / y si después queda algo todavía, / eso / será la poesía.’ (Felipe 1983).

[4]Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo’ (Wittgenstein 1973, 5.6),

[5]Cuando desciframos una obra de arte usamos otros conceptos, los nuestros, para describir cómo en ella algo se está expresando o presentando a sí mismo’ (H.-G. Gadamer 2002, 225)

[6]Con el surgimiento de la Web2.0 ha ocurrido en internet algo similar al reduccionismo misionero. La remezcla y uniformaización están haciendo perder la extrañeza.’ (Lanier 2011, 70).

[7]La diferencia entre un original y una copia se percibe muy frecuentemente como una diferencia topológica: un original está confinado en un espacio real  (sea conceptual, ideológico o estético), tiene una función particular y está aceptado ampliamente en una comunidad, mientras que una copia se observa frecuentemente como un proyecto que está en construcción, ahistórico y virtual. ‘ [En]à ‘The difference between an original and a copy is very often perceived as a topological difference: an original is confined to a real space (whether conceptual, ideological or aesthetic), has a particular function and is widely accepted in a community, while a copy is frequently regarded as a project which is under construction, non-historic and virtual.’  Manifiesto Arte Dislocado (Serban s.f.) Serban, Alina. «Manifesto: Dislocated Art.».

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