¿El Quijote es infobasura?

Rescato un post… que ha estado durmiendo una temporadita en DRAFT (6 años nada menos) y parece que viene al pelo ahora para partir para otro q tengo preparado 🙂

Aparici en Conectados en el ciberespacio dice

Si la materia prima del ciberespacio es la información de cualquier naturaleza, aquello que no responda a los criterios de esta materia prima se considera infobasura… junto a la información y a la comunicación significativa conviven las formas más degradadas del conocimiento, del ocio y del entretenimiento’

cc by flickr.com/photos/kans1985/2019666143

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¡Toma Castaña! Probablemente yo esté resentido porque soy un consumidor de esos contenidos basura, pero ante todo me parece facilón considerar así la infobasura. ¡Claro que no considero a Belén Esteban un ejemplo a seguir! Pero tampoco creo que haya destilado de filosofía en los partidos de fútbol, los Simpson o aún peor, de las series de médicos, de periodistas, de bomberos o de policías que entre la aparente inocuidad de sus historias esconden toneladas de azucar y siempre alguna moralina. ¿Todo ello es basura? Pues sí. Según la definición todo el infoentretenimiento lo es. Lo serían todos los contenidos de puro ocio sin otra pretensión… ¿Cómo por ejemplo las comedias de Lope de Vega o el mismísimo Quijote? Pues sí. Para los guardianes de la intelectualidad, el Quijote hubiera sido basura, porque su fin era entretener (bueno, y el de la segunda parte, ganar un poco de dinero, aprovechando el tirón de la primera y evitando que lo ganaran a su costa con el Quijote de Avellaneda)

Vaya por delante que valoro MUCHO el trabajo de Aparici y a Aparici mismo, por eso me fijé en esta afirmación tan tajante que puede que se dulcifique con una adecuada dosis de contexto 🙂 En todo caso…

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cc by https://www.flickr.com/photos/uayebt/149110818

Dejemos al margen (1) el hecho de que la propia definición de información es huidiza. Dejemos al margen (2) el quizás doloroso hecho de que la descripción del traje de la novia en la última boda de alguien famoso podría tener información para más gente que la obra del último premio Nóbel de Física. ¡Claro! Según una de las descripciones –no me atrevo a decir definición- más comunes de información, ésta se trataría de datos significativos para un receptor. Es decir, cosas que comprenda y le interesen. Y, amigo, no sólo es que para comprender el trabajo del último Nóbel de física hay que estar tocado por el dedo divino, sino que, además, hay de largo mucha más gente interesada en un blanquísimo vestido de novia que en razonar sobre escurridizos e invisibles positrones. Y ya puestos a liarla: son tan buenos estos últimos para probar las propiedades de la materia a la purria entre la que me incluyo, como lo son los duendes o una agencialidad divina, dada la posibilidad dudosa de ver un positrón. Es decir, que en realidad tengo tantas razones para creer a los curas o al Iker Jiménez como a los físicos. (Que quede claro que yo elijo creer a estos últimos… ¿Pero no será por pura moda?).

El ciberespacio es mucho más que lo que los guardianes de la ortodoxia consideren información y excede los esfuerzos de éstos para mantenerle impoluto. Así como excedió también los esfuerzos de los que nos considerábamos los elegidos al principio de los noventa para mantenerlo libre de la ‘contaminación del demonio comercial’. La única cosa esencial de Internet, y la espina dorsal de su grandeza es que –al contrario que la televisión, la radio u otros mass media- todos sus usuarios podemos ser participantes en la elaboración de sus contenidos, así que, por un lado en Internet hay lo que queremos que haya –en toda su variedad- y siempre se tendrá la oportunidad de añadir un nuevo contenido en caso de que no nos acabe de gustar la oferta existente. Y esto es… ¿bueno?

Raúl Antón Cuadrado

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