Comunidades de Aprendizaje. Horizontalidad, horizontalidad y horizontalidad como base para la construcción de conocimiento significativo.

¿Qué es para mí una comunidad de aprendizaje? Desde luego la estructura o esquema que mejor lo define es la de comunidad Autopoietica de Maturana y Varela –siempre nos olvidamos de Varela-. ¿Esto qué es? De momento el tipo de palabra que cuando hablas en otro idioma siempre se traduce como esperas y siempre los nativos del otro idioma piensan que eso no existe. De mano, mola.

De la comunidad autopoiética me quedo con la idea de que es un sistema compuesto de elementos que interactúan entre ellos –y con el medio a través de su frontera o cerramiento operacional- para lograr un propósito. Aquí viene más al pelo la idea de purpose que la de goal. El propósito del organismo o de la comunidad es lo que le proporciona la existencia. Y cancelado el propósito, se cancela la propia comunidad, por más que conseguir ese propósito –que puede no concluirse nunca si se dan las circunstancias- requiere de la consecución de logros puntuales. ¿Propósito por encima de fines? Se trata de mantenerse viva si el organismo es una célula o un ser vivo, de generar conocimiento si hablamos de una comunidad de aprendizaje. La comunidad de aprendizaje existe mientras los miembros deciden que quieren interactuar para aprender, no mientras dura una asignatura en el caso de la ‘educación formal’. Puede ir mucho más lejos en el tiempo… o mucho menos si la asignatura o las circunstancias no los motivaron para que libremente se organizaran para este propósito, por más que se les fría a ejercicios en grupo. No se puede obligar a existir a un organismo autopoiético.

CC BY Ian Sane flickr-com/photos/31246066@N04/

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Primer corolario de las comunidades de aprendizajes: son gente que interacciona para aprender, porque lo eligen libremente o dicho de un modo más claro… porque les apetece hacerlo. Consecuencia. La comunidad de aprendizaje no la crea el profesor, de hecho no puede forzarla o las esperanzas de que se obre el milagro se desvanecen.

Los sistemas autopoéticos como agregación de organismos que interaccionan son, de por sí, caóticos. Recordemos: algo caótico no es algo desordenado, sino que tiene un orden tan complejo que es difícil, por no decir imposible de predecir, de anticipar. El clima lo es. Un sistema compuesto de la agregación de elementos individuales que interaccionan lo es, esencialmente porque tiene tantas variables libres como individuos y sus interacciones cruzadas. Si los elementos individuales son personas, entonces esta complejidad es extraordinaria, inmarcesible, total. Un ejemplo absoluto de caos en la que no se pueden gobernar sus resultados.

Segundo corolario de las comunidades aprendizajes: por más que se las intente controlar, si son realmente comunidades de aprendizaje, sus participantes llegan a conclusiones diversas, lo que incluye algunas totalmente divergentes del planteamiento que tenga el profesor. ¿Cómo hacer que los alumnos aprendan lo que queremos entonces? Pues haciendo que las variables no sean libres. Esto se cepilla el caos de un plumazo… y la existencia de la comunidad… ¿Recordamos que los participantes en la comunidad de aprendizaje elegían libremente participar? Si sus integrantes deciden participar para aprender y descubren que las respuestas ya están dadas, ¿Para qué hacerlo? Ya, pero funciona como la seda para adoctrinar. Vamos… lo de toda la vida. Sí, funciona de fábula. Para adoctrinar.

cc by flickr-com/photos/alper/

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Esto último nos lleva al teorema, tesis, hipótesis o hipertesis… lo que sea. La única manera de que la comunidad de aprendizaje sea comunidad es eliminar toda jerarquía del profesor. El profesor debe de ser un alumno más, proponente de caminos, pero no omnisciente, ni siquiera muchosciente. Esto requiere que el maestro renuncie a toda tentación de ejercer cualquier tipo de jerarquía, sea esta en forma autoritaria o de paternalismo de naftalina. El alumno lo tiene aún más difícil. Porque para eliminar toda jerarquía el alumno debe entre otras cosas de evaluarse él mismo. Primero porque el profesor debe cancelar cualquier rastro de desigualdad, de jerarquía. Segundo porque el alumno es el propietario de su proceso de aprendizaje y sólo el alumno conoce sus expectativas y solo el alumno conoce su esfuerzo y solo el alumno conoce sus resultados realmente. Y ningún examen ni juicio apresurado puede sustituir la responsabilidad del propietario del proceso. La autoevaluación es insoslayable en las comunidades de aprendizaje. Así que todo se encierra en un círculo. Mientras exista la Aneca, y sea el organismo validador de las carreras y postgrados que basa su existencia en la evaluación de procesos ajenos por medio del examen dudoso de cómo mucho pistas de lo que ocurre (aquí podría estar 50 páginas, pero para qué)… al menos en España –y me temo que no será el único país- las comunidades de aprendizaje son imposibles a día de hoy.

Estos tres mandamientos se encierran en 2: horizontalizarás la comunidad sobre todas las cosas y asumirás que el resultado puede llegarte a asustar o, cuando menos sorprender. Pero, no hay que hacer nada de especial… ¡Qué aburrido sería ser profesores si no nos damos la oportunidad de aprender!

¿Esto es demasiado? ¿Lo flipo? Puede. Pero podemos al menos empezar por algo fácil pero eficaz. Digamos ‘Sí, renunciamos’. ¿Renunciamos como profesores a la seducción perversa de versar las bellezas de las comunidades de aprendizaje si estamos pensando en poner un examen?

¡Pero es que es difícil no dejarse seducir por el reverso tenebroso! Sí, Lo es. Ya.

 

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