Dos velocidades en busca del ‘empowerment’

Este post forma parte de una serie que Xawy Sastre y Nuria LLopis, expertos en brecha digital y crowdfunding respectivamente y cuyo sentido es ser parte de una iniciativa para sacar la reflexión a la red, desarollada en la asignatura Educación y Comunciación en la Red, del máster de Educación y Comunicación en el Ciberespacio, de la UNED. Sientete libre de participar aportando tu reflexión sobre los interogantes que quedan abiertos, expresar tu opinión, criticar, apostillar, completar o incluso preguntar sobre este post… Se trata de establecer un diálogo horizontal que nos sirva a cada unx para construir conocimiento. ¡Ojo! Tanto si eres alumno del máster como ajenx ¡Eres bienvenidx a la construcción de conocimiento!

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¿Sociedad o sociedades? de la información.

Decía el escritor norteamericano Don DeLillo que “la tecnología tiene ciertos poderes a los que la genete no puede resistirse. Cuando la tecnología permite hacer algo se convierte en desesperadamente necesario”. Juguemos con el tiempo. ¿Qué diferencias existen entre el futuro de hoy y el futuro de antes? Los países se organizan en función sobre todo de la generación y uso de informaciones, conocimientos y tecnologías.[1] El procurar una sociedad más pensada y estructurada en función del trato con el saber será una de las tareas cruciales en los próximos años. Sociedad del Conocimiento implica ampliar y amplificar los espacios, moldearlos a lo grande, a campo abierto, dentro y fuera de las fronteras en un intercambio mayúsculo de ideas y capacidades diversas, en un contacto adaptativo y en una divulgación prolífica, complementaria y de doble o triple retorno. La vida está cambiando, y rápido, y uno de los principales detonantes del desarrollo es la ciencia y la tecnología. Una sencilla radiografía del mundo trasluce esta situación. De los 7.000 millones de individuos del planeta, unos 360 millones son usuarios de internet (un 34,3% y subiendo).[2] Cojamos por ejemplo los últimos datos de junio de 2012 del Internet World Stats.[3] En poco tiempo Asia se ha catapultado a la primera posición (45%), le sigue Europa (21,5%), América del Norte-EEUU+Canadá (11,5%), Latinoamérica+Caribe (10,5%), África (7%), Oriente Medio (4%) y Oceanía-Australia (1%). Son datos globales[4] que intuyen una brecha a diferentes escalas, a menudo referencia de infraestructuras y cables, y que alejan los info-ricos de los info-pobres,[5] los poseedores de los desposeídos.[6] Algunos autores afirman que estamos ante “sociedades de la información (SIs)”, en plural, un nuevo modelo muy distinto según los países, los sectores sociales y la edad de las personas. Es este desarrollo desigual el responsable de las brechas digitales.[7]

La brecha. Participa o date por excluido.

Van Dijk augura que la brecha digital “se profundiza en la medida en que deja de ensancharse”.[8] La brecha digital tiene diversas manifestaciones, una de las cuales es justamente el analfabetismo digital, y ahí lo verdaderamente peligroso: la exclusión social, sea por falta de material, de calificación o de conocimiento. Así, muchos especialistas identifican tres grupos de personas en función de la relación de convivencia con las TRIC: nativos, inmigrantes y analfabetas digitales. Un criterio básico para delimitar la frontera entre cada uno de ellos es, naturalmente, la edad; pero no sólo la cuenta personal histórica (los años de vida de cada uno), sino a su vez y para complicarlo más la cuenta personal con relación a la aparición, manejo, desarrollo y apropiación de las nuevas tecnologías.[9]

Los nativos digitales nacieron a partir de 1995, están acostumbrados a navegar por internet cada día, a beneficiarse de la Red para casi todas sus actividades cotidianas (son interconectantes[10]), son consumidores y a la vez creadores de contenidos y servicios, neopracticantes, movildependientes y resolucionadores. Los inmigrantes digitales, en cambio, no nacieron antes de principios de los 60, si bien fueron testigos del vertiginoso desarrollo de las TRIC y de los incipientes impactos sociales en la vida cotidiana, laboral y personal, su educación y/o formación se desarrolló con métodos más tradicionales (acaso interconectados) y por objetivos de situación o curiosidad contexual del copiar-pegar. En tercer lugar, los analfabetas digitales tienen seguramente más de 55 años, son de la tradición del aprender y/o informarse a través de libros, diarios y revistas impresos, por acumulación de textos locales unidireccionales, no saben de los gadgets tecnológicos y suelen comunicarse a través de la telefonía fija en un mundo absolutamente offline,[11] de náufragos, de desconectados, una cosa detrás de la otra. Veamos un cuadro con las características propias de cada grupo.

Ciudadanos (Xawy Sastre)

Ciudadanos (Xawy Sastre (2013). “Una brecha generacional móvil”)

Más allá de excepciones para ambos lados de la balanza de etiquetas, la distancia entre unos y otros, determinada básicamente por la edad, es una distancia en el fondo de maneras de informarse y socializarse. Somos testigos de una profunda mutación histórica: el desarrollo de la Sociedad de la Información hacia una Sociedad del Conocimiento. Por primera vez en la historia de la humanidad los jóvenes parecen saber más que los adultos. Y algo de verdad hay en ello. Los jóvenes saben y conocen más conceptos, más ideas, más imágenes, más textos y dominan más realidades que sus mayores, pese al peligro de mitificarlo: los pequeños tienen más habilidad, para ellos es algo natural, pero no nacen enseñados. De acuerdo que los bytes de los padres no pueden competir con los teras de los hijos, se ha abierto una brecha: éstos realizan más y mejor apropiación de la información que aquéllos, saben cómo acceder a ella, destilarla, utilizarla y regenerarla en nuevos capítulos. Es la socialización inversa que articula Querol Vicente, según la cual “los mayores se van incorporando en el entorno familiar intergeneracional por imitación de los jóvenes”.[12] Los primeros forman parte de “las generaciones que llegaron tarde”; para los segundos “la tecnología digital no resulta más intimidante que una videograbadora o una tostadora”,[13] diría uno de los propios acuñadores del término brecha digital. Sea como fuere, los jóvenes que ocupan los pupitres en nuestras aulas poco tienen que ver con aquellos que se tomaron como referentes para crear el sistema educativo vigente:[14] reciben la información rápidamente, les gusta el trabajo en paralelo (multitarea), prefieren imágenes a texto, acceso aleatorio, funcionan mejor cuando trabajan en red, prosperan con la satisfacción inmediata y bajo recompensas frecuentes y prefieren aprender jugando.[15]

Ciertamente el uso de las nuevas tecnologías permite innovaciones interesantes, dentro y fuera del aula, dentro y fuera de la cabeza. Las TRIC posibilitan espacios de apoyo, sociabilidad y reconocimiento social, nodos de aprendizaje colaborativo no formal sustentados en círculos sociales cotidianos donde existen enormes posibilidades de desarrollar competencias sociales, culturales, profesionales o técnicas.[16] Es la cultura participativa,[17] la misma que permitirá a los jóvenes acumular recursos de sus interacciones sociales a través de la tecnología, el capital social.[18] En otras palabras, es una relación simbiótica: mientras que el individuo deposita parte de su conocimiento en la Red, a cambio recibe mayor cantidad de conocimiento y oportunidades de socializarse.[19] Y socializarse significa también reafirmar relaciones, alianzas, jerarquías y demás. Podemos concluir en realidad que la primera brecha digital fue efecto de desigualdad en la Sociedad de la Información, la segunda causa de exclusión (o conectado o desconectado), y la tercera consecuencia de adquirir o no adquirir competencias y habilidades propias de la Sociedad de la Comunicación. Peña-López, con terminología de Castells, lo encuadra del siguiente modo.

Empoderamiento Digital (Xawy Sastre)

Empoderamiento Digital (Xawy Sastre)

La maquinaria de la televisión se renueva a ritmo de nanocircuitos, pero sus contenidos son los de siempre, repintados mil veces año tras año. Lo curioso del caso es que sigue siendo un espectáculo de masas —todavía— y tiene una enorme ventaja: no abre ningún tipo de brecha social, tal como la que existe entre los usuarios de computadoras y los excluidos de la tecnología. La tele es para todos y huelga decir que parece también, de pasada, sospechosa.[20] Internet también es para todos, pero no todos saben cómo guisarlo. En el mundo de los interrogantes eso quizá quiera decir que es doblemente sospechos@.

El efecto tortuga

Vamos hacia un espacio físico y digital reconvertido en un lugar democrático, común. La oficina hoy es móvil —¡viene conmigo!—, es el llamado efecto tortuga,[21] y llevarla consigo varía hábitos, roles y habilidades de comunicarse, razonar y actuar. La idea de conocimiento ha mutado: en esta ágora están los que han venido… y los que se quedaron en sus casas (delante de la pantalla). Entre todos sabemos mucho (cerebro colectivo) y creamos productos originales a través de la interacción. Más controversia y más pluralidad de voces. “La cultura de la participación implica modelos de comunicación horizontales donde las relaciones de poder proporcionan a cada individuo la posibilidad de intercambiar puntos de vista, expresar ideas, comentarios y experiencias, así como trabajar de manera colaborativa. Esta cultura de la participación implica pensar y desarrollar una cultura de la comunicación que supere los modelos heredados de las teorías funcionalistas”. Los datos no engañan: usar el teléfono móvil, el ordenador o internet va al alza. Y con los años cada vez más arriba.

El camino del empoderamiento: Acceso-usuario-competente-participante

Equipamientos (Xawy Sastre)

Equipamientos (Xawy Sastre)

Así las cosas, poco a poco se han ido superando los estadios de lo que se llama empoderamiento digital, o sencillamente empowerment,[22] el saber desarrollarse a través de las TRIC.[23] De los primeros problemas de infraestructuras y acceso (una opción temprana en el que sólo se exigía tecnología: acceso o no acceso) a las segundas vicisitudes por el uso y consumo de las nuevas tecnologías (momento de despegue: usuario o no usuario). Ahora queda trabajar la apropiación (una tercera fase de saturación: competente o no competente) y la participación (participante o no participante). La idea es pasar paulatinamente de un concepto analógico 1.0 de finales de los 80, el de las tres uvedobles, de la web social 2.0, a un pensar en Red, un concepto digital sistémico 3.0 (incluso ubicuo), con lenguaje y proceder propios y para todos. En otras palabras, convertir la Sociedad de la Información en Sociedad del Conocimiento. Al menos el marco legal marcha en ese sentido desde hace algunos años desde diferents organismos nacionales e internacionales.[24] Pintemos algunos ejemplos.

Los trabajos de la segunda fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (CMSI), presentados en Túnez en 2005,[25] van en ese sentido, el “construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, abierta a todos y orientada al desarrollo”, y lograr que toda la población se beneficie de “las oportunidades que puedan brindar las TIC”, eliminar las barreras que impidan el “acceso universal, ubicuo, equitativo y asequible a la información”. Del mismo modo, la Declaración Ministerial de Riga de 2006[26] intentó reducir la brecha digital geográfica, mejorar la accesibilidad electrónica y facilidad de uso, incrementar al alfabetización y las competencias digitales y promover la diversidad cultural en relación a la inclusión, entre otras muchas promesas. La Declaración Ministerial sobre E-government, firmada en Malmö en 2009, recoge la visión, las prioridades políticas y los objetivos compartidos de Riga, y profundiza sobre la flexibilidad, la apertura y la colaboración en la prestación de servicios públicos europeos para un mejor “empoderamiento de la ciudadanía y las empresas”. La estrategia continental en materia de Sociedad de la Información (SI) se consolida en la Agenda Digital para Europa (ADE), una de las siete iniciativas emblemáticas del programa Europa2020 para el crecimiento y el empleo: “El propósito es definir la función capacitadora esencial que deberá desempeñar el uso de las TIC si Europa quiere hacer realidad sus ambiciones”. Son propuestas que servirán de base para el logro de transformaciones hacia una sociedad y una economía crecientemente digitales. En España también existe una Agenda Digital propia como marco de referencia para establecer la hoja de ruta TIC y administración electrónica, un documento aprobado en febrero de 2013 en torno a seis ejes de trabajo con la idea de echar raíces para una estrategia de inclusión digital 2013-2015. Por otro lado, el Plan Avanza2[27] (Estrategia 2011-2015) subsiste en su empeño de alcanzar una Sociedad del Conocimiento (SC) a través de más de 180 medidas o retos de lucha contra la brecha digital y de género (y contra cualquier otra derivada).

La brecha digital intergeneracional es una realidad dinámica y cambiante, cosa que complica más si cabe el análisis. No deja de ser un mundo de arenas movedizas, un campo de minas: son hipótesis de los distanciamientos en el conocimiento. Presente y futuro se configuran en un paisaje al pairo, desangelado, de momento no para todos idéntico. No llueve lo mismo en todos los rincones del mundo, pero se supone que las generaciones venideras adquirirán más competencias digitales porque antes chocarán con las TRIC y antes se familiarizarán con ellas. Veremos. Y por otro lado, si bien es cierto que la infraestructura y el acceso cada vez pintan menos en el asunto, las variables uso y consumo no acaban de dejar de estar operativas. Lo único claro es que pocos claros hay en el bosque. La cuestión no es tan sencilla, ni mucho menos.

En el mundo ya hay 2.300 millones de internautas reconocidos. El 70% de la población española es internauta y de ellos más del 70% acceden a diario.[28] Estamos en un mundo cada vez más moderno, cierto, en el que cada vez más son tan importantes las infraestructuras como los dispositivos, los servicios como las aplicaciones. Sin embargo, la actitud[29] frente a las máquinas sigue siendo nuestro caballo de batalla, y encontrar megasoluciones va siendo cosa de buscar la segunda aguja en el pajar. Superar una brecha, así como ocurría antiguamente en el flanco del ejército enemigo, es empresa harto complicada. Además, quedan asignaturas pendientes todavía: la brecha terciaria, la de la apropiación pedagógica (habilidades y competencias) —ya no se trata de una cuestión de desigualdad, sino de diversidad— y la brecha cuaternaria, la de la e-participación ciudadana, la de la oportunidad social. Y existen peligros: cuando pujan las posibilidades de acceso a la información pero no las capacidades cognitivas o el dominio del conocimiento, la posibilidad de que la información se convierta en escenario de manipulación aumenta. He aquí la importancia del papel de educadores, maestros y profesionales de otras disciplinas como mediadores en el océano digital.

Cibercultura o las dos velocidades sociales.

Internet ha contribuido a crear la cibercultura, pero también de paso ha roto barreras históricas que tradicionalmente habían limitado las culturas a determinados espacios cerrados. Nunca antes el intercambio y la mezcla cultural habían dado tan positivo, es la experiencia inmediata, el antes que después entre emisor y receptor. Y la cosa se mueve. Es móvil. Los niños digitales están libres de limitaciones. Ya no sólo es la rapidez y la intensidad de las TRIC, es la ubicuidad. Han cambiado las reglas del juego en todas las dimensiones. Pantallas, interfaces, herramientas, apps, chats, links y redes sociales. Los jóvenes han asimilado mejor el hipermedio y dominan los lugares y los rincones inhóspitos de las metainformaciones. ¿Por qué en la escuela hacen oídos sordos? ¿Por qué en la escuela cierran los ojos? La educación debe incluir programas de extensión o alfabetización digital, y herramientas de manejo, apropiación y participación. En este océano todo es impredecible. ¿El verdadero efecto de lo enredado es la transformación de la conciencia de las personas, los valores, los juicios alternativos, los debates, los nuevos consensos y los nuevos desacuerdos? ¿Juntos?

La sociedad funciona a dos velocidades —que empobrece a unos y enriquece a otros—: quien más quien menos tiene una vida digital y otra analógica que a veces se comunican entre sí, proyección una de la otra, y el resto de ocasiones, no. ¿Es el relato del mundo lo que provoca un cisma entre realistas y digitalistas, entre prosaicos y académicos, entre papelistas y pantallistas? El barco quizá vaya directo en este océano de oscuridad hacia un iceberg, pero en cualquier caso el buque se mueve en un mundo completamente abierto. ¿Acaso el genio de la tecnología está fuera de la botella? ¿Quién tiene ahora el poder?

 Xawy Sastre

 

[1] AVALOS, I. (1999). “La sociedad del conocimiento”. SIC, 617, p. 295-297.

[2] Un dato interesante es el crecimiento de internautas: en el período 2000-2012 alcanzó cotas del 566%.

[3] Internet World Stats es un organismo que analiza el uso de la Red entre la población mundial. [En línea] http://www.internetworldstats.com/stats.htm.

[4] Es la brecha global de NORRIS, P. (2001). Digital Divide. Civic Engagement, Information Poverty and the Internet in Democratic Societies. Cambridge: Cambridge University Press.

[5] Véase HAYWOOD, T. (1995). Info-rich-info-poor. Access and Exchange in the Global Information Society. Lodon: Bowker-Saur; y CERETTA, M.G.; MARZAL, M.Á. (2011). “Desarrollo de competencias en información: otra modalidad para fortalecer las competencias lectoras”. Ciência da Informaçâo, 40(3), p. 364-378.

[6] WRESCH, W. (1996). Disconnected. Haves and Have-nots in the Information Age. New Brunswick, N.J.: Rutgers University Press.

[7] ECHEVERRÍA, J. (2010). “Nomadismo digital”. En FERNÁNDEZ VICENTE, A. (coord.). Nomadismos contemporáneos: formas tecnoculturales de la globalización. Murcia: Universidad de Murcia, p. 65.

[8] VAN DIJK, J. (2005). The Deeping Divide. Inequality in the Information Society. Sage: Thousand Oaks.

[9] El primer personaje conocido en usar dicha terminología fue el propio autor de PRENSKY, M. (2001). “Digital Natives, Digital Immigrants”. On the Horizon [MCB University Press], p. 1-6.

[10] CASTELLS, M. (1997). La Era de la Información. Madrid: Alianza, p. 404-405; y repite CASTELLS, M. [et al.] (2003). La societat xarxa a Catalunya. Barcelona: Plaza & Janés.

[11] Tenemos que tener en cuenta que los mayores están en proceso de aprender un nuevo idioma, y cuando se aprende una lengua en etapas tardías de la vida, advierten los neurólogos, se almacena siempre en otro lugar del cerebro.

[12] QUEROL VICENTE, V.A. (2011). “Las generaciones que llegaron tarde. Análisis de las prácticas sociales de los mayores en el ciberespacio”. RECERCA. Revista de Pensament i Anàlisi, 13, p. 191-194. [En línea] http://www.tdx.cat/handle/10803/10446.

[13] TAPSCOTT, D. (1998). Creciendo en un entorno digital. La Generación Internet. Santafé de Bogotá: McGraw-Hill.

[14] BUSQUET, J.; ARANDA, D.; BALLANO, S.; SÁNCHEZ-NAVARRO, J.; URIBE, A.C. (2012). La bretxa è mobile. La fractura digital generacional a Catalunya. Anuario de la Societat Catalana de Sociologia 2012.

[15] Otros autores incluso lo llamarán “sociedad dual”, cogiendo el término de las ciencias sociales y humanas, aquella sociedad en la que “coexisten sectores que parece evidenciarse asincrónicos, asimétricos y diferenciados”, anteriormente entre letrados e iletrados, ahora entre conectados y desconectados. Véase CIMADEVILLA, G. (2009). “Sociedad digital, sociedad dual”. Signo y Pensamiento, 54, p. 68-81. Ante revoluciones anteriores la actitud predominante fue la negación/violencia o el temor/denuncia; hoy parece ser el encanto que remite a la magia, la seducción, la belleza para con las TRIC.

[16] ARANDA, D.; SÁNCHEZ-NAVARRO, J.; TABERNERO, C. (2009). Jóvenes y ocio digital. Informe sobre el uso de herramientas digitales por parte de adolescentes en España. Barcelona: UOC.

[17] JENKINS, H. [et al.] (2009). Confronting the challenges of Participatory Culture: Media Education for the 21st Century. Cambridge/London: MIT Press.

[18] VALENZUELA, S.; PARK, N.; KEE, K. (2009). “Is There Social Capital in a Social Network Site? Facebook Use and College Students’ Life Satisfaction, Trust and Participation”. Journal of Computer-Mediated Communication, 14(4), p. 875-901.

[19] RHEINGOLD, H. (2002). Smart Mobs. The Next Social Revolution. Stanford: Basic Books.

[20] TRESSERRAS, M. (2005). Ciutat de risc. El prodigi de la televisió i altres tecnologies. Barcelona: Trípodos.

[21] Resumen de ciertas conclusiones del trabajo de Roberto Aparici y Sara Osuna (UNED) “La cultura de la participación”, presentado en el II Congreso Educación Mediática y Competencia Digital “Ludoliteracy, creación colectiva y aprendizajes” (Barcelona, 14-15 de noviembre de 2013).

[22] Véase FRIEDMAN, J. (1992). Empowerment. The Politics of Alternative Development. Massachusetts: Blackwel; y ROWLANDS, J. (1997). Questioning Empowerment. Oxford: Oxfam.

[23] Autores como Dolors Reig o Roser Lozano proponen desde las Ciencias Sociales el término TEP (teorías del empoderamiento y la participación) y el término TAC (tecnologías del aprendizaje y el conocimiento). Véase REIG HERNÁNDEZ, D. (2012). “Disonancia cognitiva y apropiación de las TIC”. Revista Telos, 90, p. 2; y LOZANO, R. (2011). “Las TIC/TAC: de las tecnologías de la información y la comunicación a las tecnologías del aprendizaje y del conocimiento”. Anuario ThinkEPI, 5, p. 45-47.

[24] Véase con detalle el exhaustivo documento ARARTEKO (2013). E-Inclusión y participación ciudadana en las esferas social y pública a través de las TIC en Euskadi. Informe extraordinario para el Parlamento Vasco. Vitoria-Gasteiz: Defensoría del Pueblo, p. 48-56.

[25] El documento es conocido como “Compromiso de Túnez”: Tunnis Commitment. [En línea] http://www.itu.int/wsis/docs2/tunis/off/7-es.html.

[26] La firma de 34 países europeos expresó el firme compromiso de “promover una sociedad de la información inclusiva y sin barreras” para toda la población, no sólo desde la perspectiva del acceso y uso de las tecnologías sino como instrumento que fomente la inclusión social y económica.

[27] Si bien el Plan Avanza (2006-2010) quiso paliar el retraso español respecto a la Unión Europea, sobre todo en conectividad y cobertura, esta segunda fase pretende poner a España en situación de liderazgo en el desarrollo y uso de productos y servicios TIC avanzados.

[28] Véase los datos de FUNDACIÓN TELEFÓNICA. Op. cit. Y es que los números no engañan: el 85% de los jóvenes de 16-24 años visita cada día la Red, mientras que el uso de teléfono móvil para entrar en internet se ha triplicado en un solo año (no en vano 6 de cada 10 usuarios de móvil utiliza smartphone). Según el vicepresidente de la fundación, 2012 fue “el año en que constatamos que ya nos habíamos apropiado de las TIC”.

[29] Mucho tiene que ver con el llamado pánico moral. Véase BENNETT, S.; MATON, K. (2010). “Beyond the ‘Digital Natives’ Debate. Towards a More Nuanced Understanding of Student’s Technology Experiencies”. Journal of Computer Assisted Learning, 3, p. 321-331. En Sociología el término “pánico moral” suele referirse a aquella reacción de un grupo de personas basada en la percepción falsa o exagerada de algún comportamiento cultural o de grupo —frecuentemente de un grupo minoritario o subcultura— como peligrosamente desviado y que representa una amenaza para la sociedad. El término fue acuñado por el sociólogo Stanley Cohen en su libro Folk Devils and Moral Panics de 1972, donde lo sintetiza como “un episodio, condición, persona o grupo de personas que han sido definidos como amenaza para los valores e intereses de la sociedad”.

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