Asaltar los féisbuks…

CC-BY flickr.com/photos/dougbelshaw

 

Cuando Zuckerberg dijo aquello de que:

“ahora mismo, una ardilla muerta delante de tu jardín puede ser más relevante para ti que la gente que está muriendo en África”, seguramente no estaba pensando en la contribución que su invención podía hacer a un desbordamiento, el de lo político. Y es que entre stalkeos, narcisismos y autobombos deslizamos también todo un Nosotros. Un Nosotros que zigzaguea para narrarse a sí mismo más allá del ensimismamiento en una ardilla muerta.

Me gustas, selfies, fotos de pies, de cañas, aspirantes a community manager por doquier; pero, y también, voces sobre las que se expanden perspectivas antes silenciadas, panal de abejas que edita, formatea, torsiona, que vacila el mensaje vertical; y, sobre todo, espectadores -muchos espectadores- conjeturando en silencio.

Saltando de un rol a otro poblamos intermitentes esta ficción sin la que ya no se entiende la plaza. Como si fuera un teatro al que acudimos para interpretar la trama social.

Un teatro en el que es muy arriesgado distintinguir al actor y del espectador.

 

Álex Segura

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