Folletín en dos actos: Lo que estás pagando cuando no pagas por los contenidos en Internet.

Vamos allá con un clásico. Dedicado a mi amigo Alberto y a todos los que se han descargado gratis e ilegalmente su juego ZackZero: uno de los mejores del año pasado según practicamente todas las revistas dedicadas al asunto.

AQUÍ ES DONDE PRESENTO A LOS ACTORES.

Tenemos 3 actores en la red. Uno, la masa. La suma de tú, yo, mi amigo Alberto y otros tantos. El segundo los ISP, alias los proveedores de acceso a Internet, alias los que se quedaron a buen precio con las redes de telefonía que antes eran públicas y ahora cobran por acceder a Internet mensualmente. No digo nombres porque no hace falta. El tercer actor son los SGC. ¡Tooooooma! Esto es la suma de las redes sociales, servicios de la red y, en general, todos los agentes de la zona concurrida de Internet, que pueden ganar pasta a base de monetizar de un modo u otro sus visitas. Los llamo SGC porque lo que hacen es poner a disposición cajas/contenedores en los que tú metes los contenidos que generas –que se tienen que ajustar a la forma de la caja- y también puedes consultar o recuperar los contenidos que han generado otros. Por ejemplo, Twitter (la forma de la caja-contenedor dice que los contenidos tienen máximo 140 caracteres). Por ejemplo, Instagram (la forma de la caja-contenedor dice que los contenidos son imágenes y son cuadradas). Por ejemplo Google, de un modo no tan directo y explícito, porque también guarda datos que no son generados por él y monta un servicio sobre dar acceso a ellos.

Vale. Tenemos 3 actores: La masa, los ISP y los SGC, alias los agentes perspicuos de la red.

ACTO 1. EL ESTACAZO POR TENER CONEXIÓN A INTERNET.

Si tú también eres de los que no cambian de proveedor de acceso a la red no porque estés contento con el que tienes sino porque estás seguro que el estacazo es idéntico en todas las partes y los términos de servicio enrevesados a propósito para que no entiendas nada, entonces me comprendes.

Preludio: ¡El conocimiento tiene que ser libre lo que significa que lo que hay en la red tiene que ser gratis para que todo el mundo lo acceda! Reconozco que la delicada estulticia de este enunciado me garrapiña el cerebro y me subleva la bilis a partes iguales. Como diría Shakira, no se puede vivir con tanto veneno.

Desenlace: Rasgamiento de vestiduras. ¿Cómo puede molestar pagar 1.49€ por una aplicación de internet, 0.69€ por Whastsapp o 3€ por un juego que ha sido designado como el mejor del año pasado, tras haber pagado 40 pepinos CADA MES al proveedor de Internet por usar algo que está pagado hace 20 años con tus impuestos? A Dios pongo por testigo que el primero que se beneficia de que haya contenido gratis en Internet es Telefónica, quien recupera pasta cuando descargas un juego por la patilla y quien le importa un bledo si mi amigo Alberto gana mucha pasta, poca, regular o del tiempo con su juego. Mientras internet esté lleno de cosas gratis para que la gente siga pagando a la TELCO de turno por accederlas, todo va bien.

ACTO 2. LA PRIMOGENITURA POR UN PLATO DE LENTEJAS.

En el colegio de curas me enseñaron que había un gachó que vendió a su hermano la primogenitura a cambio de un plato de lentejas. También se llama engañar con la zanahoria. Lo que hacen los SGC es redondo: parece que me dan servicio gratis, pero me lo cobran bien cobrado.

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Fase 1. Lo que pasa cuando me conecto a flickr para ver fotos y la que me guste bajarla para colocarla en mi blog. ¿Son Reebook o son Nike? ¿Pago? Yes, my friend. Al que hizo la foto ni cacahuetes, porque como mucho –y eso si soy considerado- haré una reseña CC-BY diciendo que el que hizo la foto fue fulanito. O sea, que le pago con mérito, justo lo que yo no aceptaría de la empresa donde trabajo. Yo quiero pasta o, como mucho, algo convertible en pasta.

No lo veo ¿A quién pago entonces? Pues en (1) primer lugar pago al ISP por acceder, claro. Pero también regalo (2) mis datos personales y de navegación a Flickr/Facebook/Google etc, para que luego me endiñen publicidad dirigida. Y luego me regalo a mí mismo, me hago mercancía: para esas mismas agencias de publicidad valgo dinero en tanto soy capaz de tragarme (3) sus anuncios y (4) su construcción ideológica de la realidad. [Esto de la construcción ideológica de la realidad es para aquellos que ya han merendado. Recomiendo leer este artículo al respecto]. Y es que cada vez que me conecto a Facebook, Twitter, Youtube… me estoy tragando anuncios, unos visibles y otros invisibles –y por tanto peores peorísimos, porque no me pongo alerta frente a lo que me quieren vender, sea un producto, un servicio o una ideología-.

Fase 2. Imaginamos que subo un fino producto de mi ejercicio creativo a uno de esos SGC. Por ejemplo, subo una fotocomposición a Instagram, una presentación sesudísima a Prezi o un micropoema a Twitter. ¿Pago? Sí. También. Dos veces.

Primero regalo el usufructo del contenido que a partir de ese momento integra la base de contenidos de la red social, a través de la cual consiguen más visitas que monetizan y yo no veo ni un real de ello. Por otro lado, regalo mis datos personales y de navegación –amén de otros- que servirán para hacerme un traje a medida y dirigirme atinadamente los mensajes de publicidad contextual.

MORALEJA.                                                                      

Redundando en lo que decía Carr¿Quién se lucra de los esfuerzos gratuitos de los internautas, a los que se les pone los medios de producción y se les expropia el fruto de su trabajo? Si en la red se mueve pasta gansa… seguro que estoy pagando por algo. La próxima vez que me soliviante y colabore a una campaña esas de ‘todo tiene que ser gratis’ pensaré antes a quien estoy exactamente beneficiando.

Vamos que yo por tomar esta caña he pagado 7 veces a todo quisqui. Claro, menos al que hizo la cerveza. Porque los que me han cobrado antes me han convencido de que entone el salmo de que hay que dar de beber al sediento y lo contrario es usura y enriquecimiento del vil. Pero pago por entrar al bar, por servirme la caña, por guardarme el abrigo, por dejarme sentar, por la calefacción, por tenerla fresquita y por darme conversación. ¿Y al que hizo la cerveza? No, a ese no. Es buena. Pero a ese no.

¡Vaya sermón! Podéis ir en paz.

Raúl Antón Cuadrado

   

   

PS: Como ya te habrás imaginado, este blog se alimenta de ilusión. Si te gustó el artículo o aprecias que gente gaste tiempo escribiendo este tipo de cosas, piensa lo mucho que nos emociona que pinches en alguno de los iconos de aquí abajo: que si un Google+1, que si un me gusta en Facebook… Ah! Y ya si te gustó mucho mucho,siguenos en las redes.

13 replies »

      • Hola, Raúl, pero eso es una desvirtuación total de la idea original y bien hermosa (ingenua, claro) de los contenidos libres en la Red. Lo que vivimos en la Red es la mercantilización total de esos contenidos por muchos buitres que hay alrededor. Aún así, valoro mucho esta filosofía y no se me quitan las ganas de compartir en Internet. En este mundo, era imposible, por supuesto, mantener Internet al margen de los intereses que lo mueven todo: dineeeero ¡Pero si somos nosotros, los de siempre, hombre! ¿qué podemos esperar?

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  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. Gracias Raúl… si, puro teatro.
    Según la Wikipedia el comercio justo es una “alternativa” de comercio que promueve una relación comercial “voluntaria y justa” entre productores y consumidores… etc. Mientras esto no llegue al de la cerveza, seguiremos actuando como prosumers-esclavos de nuestro entusiasmo por compartir conocimiento.

    Salud2

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    • Hola, Mara! QUé bueno leerte… y claro, totalmente de acuerdo. Con un pero a la wikipedia, de la que apoyo su entusiasmo pero en la que a veces hay más entusiasmo que rigor 😉 Comercio justo sería si en lugar de traer el cacao para elaborar el chocolate en Italia (tengo uno delante) lo elaboraran en origen…
      Un saludo y gracias por tu tiempo al leerte esto y aún encima, comentarlo.

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  3. Un artículo muy interesante.

    En mi caso, no me importa pagar, de hecho lo hago, y me sorprende escuchar, por ejemplo, quejas sobre que si les cobran 0.69 por los servicios de WhatsApp pues se buscan otra aplicación gratis.

    Debemos concienciarnos e informarnos sobre determinadas prácticas de uso en internet, que yo misma he hecho sin darme cuenta.

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