Tecnologías del tiempo

        Ese pesimista genial que es Paul Virilio sostiene que la noción de la velocidad es un aspecto primordial para comprender una sociedad. Según él, la velocidad proporciona qué ver. No solo permite llegar más rápido al punto de destino, sino que también proporciona qué ver y concebir. Moldea el paisaje, redefine los espacios, marca los ritmos, pauta prioridades, signa diferencias, discrimina entre acciones, encuadra miradas y opera en las sensibilidades. Resulta interesante esto. Sin duda que las transformaciones espacio-temporales en el ámbito comunicativo establecen nuevas formas en la configuración de las relaciones y, más aún, en la configuración de la propia subjetividad de sus protagonistas. Paulatinamente las relaciones personales, sexuales, familiares, laborales, institucionales, clínicas, escolares, etc. aparecen cada vez más impregnadas por la instantaneidad, la ubicuidad y la inmediatez del medio digital.

        En nuestro tipo de sociedad, esta tecnología de las relaciones raramente aparece desligada de la industria, de tal forma que la celebración de su progreso se presenta históricamente asociada al negocio de la publicidad. El medio, hoy, es un mensaje que grita: ¡Cuanto más rápido, mejor! Pero no se refiere tanto al aparato transmisor, como al sujeto mismo. Cuanto más rápido llegues, cuanto más rápido se gaste, cuanto más rápido te aburras, etc. Cuanto más rápido, lo que sea, antes se reactiva el ciclo vital, la economía, la maquinaria que no cesa; antes vuelve el anuncio que señala el camino junto con la “necesidad” de autopropaganda renovada. Y ahí va un poco de esas comunidades digitales de consumo que vamos conformando: los megabytes por segundo parecen hacer las veces de barniz mielínico para los axones que circuitean esta clase de micropolítica.

        La velocidad traza el contorno de los espacios en los que se definen identidades, estatus, pertenencias y recorridos para el encuentro y

Atribución flickr.com/photos/andrewtr/2285639578/

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el desencuentro intercomunitario. Recorridos que van del AVE al regional, de la fugaz transacción financiera al envío de dinero en el locutorio, del sesudo comentario a la película de Facebook. Recorridos cuyos ritmos cercan de facto ese espacio supuestamente compartido.

        En ese sentido, la noción de comunidad ilusoria del antropólogo francés Marc Augé alude, más que a una comunidad global, a un panorama caracterizado por una pluralidad de comunidades. Entidades no homogéneas que presentan fisuras internas y en las que delimitar sus fronteras con el “afuera” se convierte en el factor decisivo para su identificación. Pero resulta que las fronteras ya no son solo los muros levantados entre los territorios, sino que existen fronteras invisibles que atraviesan nuestras ciudades. Me pregunto entonces si acaso no estarán esas fronteras invisibles hechas de tiempo. Desde luego, si de verdad el mundo que fluye es líquido, tal vez toque pensar no solo en vallas; sino también en balizas, cual radares indicando tránsitos permeables entre las zonas de velocidad que transforman un mismo paisaje. La cuestión de la identidad comunitaria se convertiría entonces en algo así como: ¿hasta dónde puedes pisar el acelerador? y ¿durante cuánto tiempo puedes hacerlo?

        He de reconocer que a mí particularmente esta dinámica no me parece necesariamente dramática por sí sola, pero eso es otra historia. En todo caso, y en tanto que alentados por la publicidad del progreso, habrá que cuidarse de no terminar sumidos en la paradoja del obrero de Illich, quien para poder pisar a fondo el acelerador de su coche y ahorrar tiempo, pierde ese mismo tiempo trabajando para ganar el dinero que le permita darle gas. Avanzar más rápido no siempre implica acercarse, obviamente depende también de la dirección en que se vaya.

        Por eso me parece apropiado acabar reflexionando junto con quien empecé:

Alabar méritos de las nuevas tecnologías, útil, sin duda, para la publicidad de los nuevos productos, no creo que lo sea para la política de las mismas. En adelante, hay que tratar de señalar lo que es negativo en lo que parece positivo (Virilio, 2005: 14).

 

Alex Segura (20/2/14)

Lecturas Relacionadas:

-Augé, M. (2012). La comunidad ilusoria. Barcelona:Gedisa.

-Bauman, Z. (2010). Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets.

-Deleuze, G. y Gauttari, F. (2002). Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia: Pre-textos.

-Illich, V. (1985). Energía y equidad. México D.F: Planeta.

-McLuhan, M. (2009). Comprender los medios de comunicación. Barcelona: Paidós.

-Virilio, P. (2005). El cibermundo, la política de lo peor. Madrid: Cátedra.

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