¿Somos todos Cyborgs?Are we Cyborgs?

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Es probable que Web2.0 o sus desarrollos y evoluciones tecnológicas no nos lleven en un tiempo mentalmente manejable a una comunicación tan fluida que sin necesidad de palabras, podamos ‘ver literalmente lo que el otro quiere decir’ [1], o a la sustitución de las relaciones personales por relaciones entre avatares delegados [2]. Sin necesidad de ir tan lejos, hace tiempo que –al menos en la porción más industrializada del planeta- el género humano ha devenido Cyborg, exactamente como la artista de Cyberia [3], integrando completamente dispositivos tecnológicos como extensiones plug&play  de nuestro cuerpo. Donna Haraway lo avanzó hace más de 20 años cuando dijo ‘Al final del siglo XX, nuestro tiempo, un tiempo mítico, somos todos quimeras, híbridos de máquinas y organismo, teorizados y construidos; en resumen, todos somos Cyborgs. El Cyborg es nuestra ontología’ [4]. ‘Un Cyborg es […] un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social tanto como de ficción.’ [5].

¿Que lo flipo? Vayamos por partes. Quizás eres uno de los que podría alimentarse y vestirse sin tarjetas de crédito, pero ¿No utilizas nunca coche o autobús o metro? ¿Prescindirías del móvil? ¿Y del teléfono fijo? Son ya parte de nuestras vidas y nuestra definición como persona no está completa sin estos dispositivos: es que la tecnología es parte nuestra. ¿Aún no estás convencido? ¿Qué me dices de las gafas o las lentillas? (No hablemos de los marcapasos)…

¡Ah, vale! Que todavía pensamos que Cyborg son solo los que se cambian las piernas por unas ruedas o se pone una cámara de visión nocturna

Atribución flickr.com/photos/jdhancock/4416036998

conectada al cerebro en lugar de los ojos o… ¡No hombre, no! Eso es muy peliculero… ¿Y tener que operarse cada vez que viniera una generación nueva de móviles? Ya somos Cyborgs. Ser Cyborg es nuestra ontología.

Raúl Antón Cuadrado

[1] Cyberia, life in the trenches of Cyberspace, Douglas Rushkoff: 140: ‘literally see what the other means’

[2] Al fin y al cabo la ciencia ficción está llena de relaciones por delegación en una realidad virtual, a través de un icono o avatar de uno mismo, como precisamente en la película Avatar, Matrix o el comic del que se engendró la película los sustitutos, por citar unos ejemplos. Quitemos el pintoresquismo del planeta de los señores azules o la tierra dominada por máquinas y tendremos gente relacionándose por Internet, no cara a cara, sino a través de las identidades virtuales que se construyen para el medio.
[3] Cyberia, life in the trenches of Cyberspace, Douglas Rushkoff: Pág 143
[4] Haraway, Cyborg Manifesto 1991: pág. 150: ‘By the late twentieth century, our time, a mythic time, we are all chimeras, theorized and fabricated hybrids of machine and organism; in short, we are cyborgs. This cyborg is our ontology’

[5] Haraway, Cyborg Manifesto 1991: pág. 149: ‘A cyborg is […] hybrid of machine and organism, a creature of social reality as well as a creature of fiction. Social reality is lived social relations…

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Web2.0 will not maybe lead us in an acceptable time lapse to a so fluid communication that allows us to see, without words, ‘literally see what the other means’ (Cyberia: 140) or to the substitution of people for avatars in the personal interaction. In any case, Scifi is plenty of interactions delegated upon a virtual reality vehicle, as an Avatar: films like Matrix or Avatar, or comics like the Surrogates. Put apart the picturesque vision of an Earth dominated by machines or of a planet full of blue people using the tail in not a conventional way, and we will have people not interacting face to face, but through virtual identities built for the Internet.

Not needed to go so far, time ago –at least in the more industrialised fragment of our planet- the human gender has become Cyborg, by the

Atribución flickr.com/photos/jdhancock/4416036998

integration of technological devices as plug&play extensions of our body. Donna Haraway advanced this fact more than 20 years ago by saying ‘By the late twentieth century, our time, a mythic time, we are all chimeras, theorized and fabricated hybrids of machine and organism; in short, we are cyborgs. This cyborg is our ontology’ (Haraway, Cyborg Manifesto 1991: pág. 150)

Do you think I am drunk? Ok, go away: maybe you are one of those who could feed and dress up himself without a credit card? Don’t you use car, bus or metro? Would you voluntarily decline to use mobile phone? Those devices are a chunk of our lives, a portion of us and our definition as a postmodern human being is not complete without them. Not yet convinced? What about glasses or contact lenses?

It is this! Ok! We alredy identify a Cyborg with someone who change his legs to put in place wheels or who connect an infrared camera directly to his brain instead of eyes or… I don’t think so! Maybe in a film, but do you accept to visit the surgeon each time you change your mobile phone? It is much easier to keep it in your pocket, isn’t it?

We already are Cyborgs. To be a Cyborg is our ontology.

 

Raúl Antón Cuadrado

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