Apóstoles del e-learning I. Manifiesto EOI ‘10 ideas para aprender en abierto’ alias ‘Pongamos la educación al servicio del mercado’

¡No le bastaba a Rajoy con tener que arreglar España, que va Alemania y se pone malita! Y es que todo va a peor: si los universitarios que nos gobiernan eran malos, ¡para acojonarse es ver como están los institutos!… Desde luego hay días en que lo mejor es abandonarse; dar una vuelta para ver con qué puede uno colocarse y olvidar el rollo de SOPA, la crisis esta que ya es un modo de vida, etc. Eso sí, dar una vuelta virtual, que está el tiempo fino, fino, fino como para salir a la calle. Lo primero que te viene a la cabeza es el recurso clásico a poner en fila el manifiesto comunista, y sobre la libertad y lamer los lomos, con la esperanza vana de comprender algo de cómo funcionan los mercados… si es que existe tal cosa[1]. Como lo mejor es dejar esto para cuando no queden más comodines, otra opción es repasar algunas de las mejores drogas del género SCIFI. Me ha encantado el artículo, pero lo desecho también: aparte de la dificultad de encontrarlas salvo el dudoso y pintoresco pis de gato, yo si me coloco quiero resaca o unos buenos efectos secundarios. Es como cuando uno se va a hacer deporte con los amigotes para luego ponerse perdido. No valen Sandwiches de Foie en pan integral con la corteza recortada, después de jugar al Golf. Para que te llene el espíritu, el ejercicio tiene que tener riesgo serio de rotura ósea y la comida subsiguiente un nivel de colesterol como para atascar el canal de Suez. Pongamos dos horas de futbito entre gente que hace que no juega 7 años y, a continuación, entrantes de morcilla, picadillo, pimientos y chorizo, como plato principal, un lechacito y torta de aceite acompañados por la siempre desengrasante ensalada y de postre un buen hojaldre cuajado de crema pastelera. Café, copa y puro.

Atribución flickr.com/photos/usnavy/5445212309

Desechado el lamer lomos y las drogas de diseño, afortunadamente nos queda el manifiesto de la EOI, ’10 ideas para aprender en abierto’. Hay que leerlo con cuidado para no perderse nada, porque ¡Tiene el marchamo de ser publicado en la  revista Arbor del CSIC!. Su toxina es como las arenas movedizas: pasando rápido –leyendo en transversal que diría mi exjefe– el manifiesto es juicioso y brillante, pero como lo leas despacio y deteniéndote en cada frase, tiene un contenido de melaza y topicazos en los que quedas atrapado. Y lo que es aún peor, y de aquí viene mi enfado, es una loa del credencialismo propiciador de la desigualdad y de la enseñanza como medio de reproducción social al servicio del modelo mercadocéntrico que propone el liberalismo, pero camuflada en una sarta de palabras bonitas, que demuestran ser huecas y que sólo sirven para bajarte tus defensas críticas y que te tragues el contenido que guardan.Yo, por economía de espacio, propondría este resumen al manifiesto, que cabe en dos tweets: Por fin las instituciones educativas, gracias al e-learning, se pueden sacudir las pulgas del tener que ser liberadoras de la sociedad en que se hayan insertas o de tratar de buscar la verdad por encima de todo (esos aburridos y trasnochados relatos legitimadores modernos) y conducirse como una empresa más (léase darse alegremente al  principio de performatividad, del amigo Lyotard). En fin, esto es lo que dice el manifiesto

La escuela es una plataforma. La escuela es un lugar abierto en el que se propicia la interacción. La generación de valor se mide por la capacidad de atraer talento.

Lo de ser un lugar abierto propiciatorio de la información, me vale. Aunque claro, eso no es sino una de las condiciones, no suficiente. Lo de la generación de valor, ¡Joder! Es la típica máxima que cada vez que alguien la saca de la chistera la define de una manera distinta: Que alguien me lo explique. ¿Unas escuelas peleando con otras por atraer talentos? ¿Qué hacemos con quien no tenga talento? ¿Dónde se generan los talentos entonces? ¿Por qué no hacer una escuela pública de calidad donde la generación de valor sea crear talento y ponerlo al servicio de la sociedad que, al fin y al cabo, es quien sustenta la escuela?

El aprendizaje se soporta en valores globales y sostenibles. EOI propugna una visión ética de los mercados. La sostenibilidad económica, social y medio ambiental entreteje el proceso de aprendizaje de las competencias y habilidades profesionales.

Lo siento. Me lo he releído 7 veces y no llego a nada. Debe de ser que tengo un cortocircuito cerebral que se pone en marcha cuando

Atribución flickr.com/photos/rosauraochoa/4053739280

se junta la palabra ética y la palabra mercado y entra en meltdown del núcleo cuando liga de algún modo la educación al mercado. Parece –esto sale hasta en el telediario- que hay que orientar la educación hacia el mercado, pero a mí no me lo parece. Y además, llamadme romántico, pienso que hay que acercar el mercado a la ética, no la ética al mercado. Ahora, no niego que colocar ‘medio ambiente’, ‘sostenibilidad social’ y ‘visión ética’ por ahí en medio, hace que este bloque, en su conjunto, suene realmente bien. 

Emprendemos. Hacemos, luego somos. Separar el aprendizaje de la realidad, o cuando menos de la práctica en la que se inserta, limita la experiencia hasta anularla. Cada alumno es diferente.

Bingo. Al margen de la prosa rimbombante en que se inserta, estoy de acuerdo con esta proposición. Con las dos, vamos. No sé qué pintan juntas, pero están bien. Les propongo para redondearlo, completarlo cambiando alumno por ‘alumna y alumno’.

El mundo es la escuela. El aprendizaje se produce de manera expandida en cualquier lugar y en cualquier momento. Sólo hay una realidad que integra las experiencias presenciales y digitales.

Aprender es compartir. Aprendemos desde los hechos y desde las emociones. El aprendizaje colectivo enriquece las visiones de la realidad. La diferencia, la diversidad, es la primera fuente de riqueza y creatividad.

Vale. Creo que también estoy de acuerdo, pero estos tres últimos puntos son puro veneno. Son como un mal revuelto de la casa. Puedes echar un montón de cosas buenas al revuelto y no por eso tiene que salir bueno, sino que si no lo combinas con juicio, el sabor, te aturulla y te atropella. Por ejemplo, a mí me gustan los arenques y la Nocilla, pero meterlo junto en un bocadillo, pues no sé. La bofetada en la lengua no te dejaría ajeno, desde luego. Vamos, que le doy el premio a la concentración de verdades gloriosas por línea, pero me reservo la opinión sobre si el que lo ha escrito lo ha comprendido o, al menos, si se lo ha releído.

Los contenidos nos presentan, los datos nos acreditan. El único control posible de la calidad y actualidad de los contenidos formativos es su pública discusión. La transparencia es una cuestión de principios.

Me gusta. Hay que ser transparente ¡Qué carajo!… esto… ¿de qué estábamos hablando? Lo siento. No entiendo el título.

La pantalla transforma la experiencia de aprendizaje. Las tecnologías nos permiten humanizar y singularizar el aprendizaje. Cuanto más digitalizamos el diálogo y el acceso a la información, más importante son los espacios físicos de relación.

¡Cuanto profeta! Atribución flickr.com/photos/phantomleap/5055245466

Esto no tiene ningún sentido. Primero dice una cosa y luego otra. Me gusta el e-learning, pero lo importante es el contacto físico. Haced una quiniela con 14 triples, así no falláis. En fin: ¡Bandera blanca! Objetivo conseguido. Ya estoy colocado, iluminado y renovado por el contacto con estos apotegmas dogmáticos que son más complicados, más conspicuos y, desde luego, mucho más intragables que los que me decían los curas en el colegio. Ahora. Eso sí, agradezco que no me lo expliquen ayudados por capones, porque de este texto me iba a llevar una buena colección.

Del diálogo con el cliente surgen las necesidades. Cuanto más talento involucremos en la identificación de los cursos y en la definición de sus contenidos, más cerca estarán de las necesidades reales del mercado laboral y de adaptarse a sus tendencias.

A estas alturas ya no puedo con la carga de piñas. Pero esta frase es puro veneno. Si seguimos por aquí, cada empresa grande tendrá su propia universidad. El negocio es redondo, pero no socialmente, sino para la empresa: el alumno paga para aprender exactamente lo que a esta empresa le venga bien –incluido prácticas- y, de paso, la empresa va haciendo tarea de recursos humanos. Por si alguien lo duda, ya existen una buena cantidad de máster que van enfocados por y para una empresa, incluso que tienen su nombre bajo los auspicios de una universidad, incluso públicas.

El escenario es global, la realidad es local. Las competencias vinculadas al territorio son determinantes para la competitividad global. La proximidad al cliente y la singularización de los productos determinan crecientemente la demanda.

Innovación social, innovación moral. Las principales oportunidades de negocio a las que nos vamos a enfrentar en los próximos años provienen de las necesidades de hacer el mundo más habitable y garantizar su sostenibilidad.

Me confieso limitado. No puedo con tanto alpiste. De lo que no me queda duda es de que la próxima vez que quiera un buen colocón, pasaré de evangelistas de la nueva realidad y me daré al Zack-Zero, este videojuego cojonudo que de los-de-salta-y-dispara que acaban de sacar, o al Ribera. Por ejemplo al ganador del último Envero: el Rosado de Arroyo: Eficaz en no hacerte aspirar a que nadie venga a redimirte de tu apoltronamiento en la estulticia para llevarte a otra más profunda. Me vuelvo al vino. Barato, brillante y que si te abandonas te deja una ligerísima resaca que no molesta, pero te calienta el alma, te humaniza y te deja una sonrisilla que aún no he conseguido pensando en que la educación tenga que estar sacrificada a lo que diga el mercado. Sea quien sea ese famoso y ubicuo mercado.

Raúl Antón Cuadrado

 

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[1] Para Bourdieu –y lo suscribo- los mercados son ‘modèles quils nont pratiquement jamais loccasion de soumettre à l’épreuve de la vérification expérimentale’, Bourdieu, Pierre. “L’essence du néolibéralisme, Bourdieu en Le Monde Diplomatique.” Le Monde diplomatique. 03 1998. http://www.monde-diplomatique.fr/1998/03/BOURDIEU/10167  

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