¿Cuánto vale la información?

A decir de los entusiastas de la teoría económica el único modo de gestionar un recurso es saber evaluarlo, darle un valor. En ese sentido, la tierra, el trabajo y el capital, tienen métodos claros de contabilización e incluso el conocimiento los tiene… aunque un más oscuros. Llevo años leyendo que el conocimiento de una empresa –todos estos modelos los venden las consultoras, así que se tienen que referir a empresas- es el valor de la empresa en bolsa, menos su valor contable. Esto es muy fácil de explicar. Veamos, si una empresa vale en bolsa 10M€ y sus activos (edificios, maquinaria, materias primas, débitos de los clientes, dinero de bolsillo, etc) valen 8M€, entonces su conocimiento (léase valor de marca, patentes, lo comprometidos que están sus empleados, lo bien formados que están…) vale 2M€. Fácil, ¿No? 10-8=2. Sin embargo, para tragarse esto hay que creerse lo de que el mercado regula todo y mirar hacia otro lado para no ver que cada día suben o bajan las acciones de una empresa sin que haya cambiado sensiblemente nada, por efecto de fuerzas tan ajenas al conocimiento que atesora la empresa dada, como la simple especulación.No me vale.

Aunque útiles para una primera conceptualización en ámbitos como los SSEE, pienso que ya están superados los modelos de graduación de la información que la dividían en datos, noticias, conocimiento y sabiduría u otras más pintorescas. Del mismo modo no pienso que sea útil caer en el vértigo si no se sabe medir cuantitativamente una cosa. El conocimiento, la información, es intangible y mesurarlo en euros para tratar de meterlo en un balance o una cuenta de resultados o para justificar el retorno de una inversión en Gestión del Conocimiento, implica caer en modelos simplistas como el que se ha visto arriba o en modelos mucho más complejos, pero igualmente ineficaces más allá de tener indicadores que nos dan una idea indirecta y sesgada. ¡Que se engañe quien quiera! Por ello, porque estoy más interesado en la comunicación de las personas que en la contabilidad de las empresas –que me aburre de un tiempo a esta parte- y porque me muevo mejor en el concepto que en los detalles, propongo el siguiente modelo del valor de la información. ¿Con esto se puede medir el valor de una información dada? Cuantitativamente no. Pero se puede ver estupendamente que algunas de las medidas del valor contable del conocimiento que circulan por ahí son terriblemente miopes.

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En primer lugar entiendo que la información no puede considerarse fuera de la consideración de quién la posee (el actor). Su poseedor la define precisamente al desvelar su dualidad pieza de información + posición en una red de relaciones, que no se tiene en cuenta en ninguno de los modelos clásicos. Una información no tiene un valor simplemente por lo que contiene su pieza de información o sus datos, sino por esto más un potencial de uso determinado por la posición de quien la ostenta en una red de relaciones. Esto explica que el mismo fragmento de información en manos distintas, tenga distinto valor. El actor es siempre un nodo de una red de relaciones, pero no tiene porqué ser una persona. O mejor dicho, un nodo no se define sólo con las relaciones de la persona, sino que se completa por las que se tienen por el rol jugado en un grupo social, institución, etc. Un cambio de roles de la persona hace, por lo tanto, variar el valor de al menos algunas de las informaciones que posee, porque podrían perder o ganar potencial de uso. El potencial de uso es un concepto clave. Hay que considerar que todo uso de una información, supone una difusión de la misma (parcial o total, más implícita o explícita). Dicho de otro modo, toda acción realizada y que viene motivada por alguna información da, al menos,  pistas sobre dicha información. Y por anterior la acción más sencilla –y no por ello menos eficaz según sea el efecto que se pretende conseguir- que se puede operar sobre una información, es comunicarla o difundirla. El potencial de uso es lo que da valor a una pieza de información. Y su uso actualiza este potencial –al cambiar por definición la red de relaciones sobre la que está definida por su propia difusión- y, por ello, modifica su valor. Por último, para no extenderme mucho. Otro modo de ganar valor para una información es aumentar el valor de la red de relaciones sobre la que está definida. Para ello, antes de la aparición de las herramientas de redes sociales de Web2.0, existía una barrera bastante restrictiva. No había una plasmación explicita de las redes de relaciones, por lo que se hacía tremendamente complejo analizarlas, de modo que se supiera cómo operar sobre ellas para hacerlas ganar valor. Con las herramientas de redes sociales se puede ver una proyección a estas de la red relacional de un actor (una persona puede, jugando varios roles, ser varios actores distintos con diferente red relacional). De modo que se puede razonar sobre esta plasmación explicita y establecer planes de acción para mejorar la red, haciéndola más extensa en determinados campos, potenciando conexiones hacia determinados nodos o clusters[1], así como tener más fácil el encontrar/recordar determinadas relaciones que pueden ser útiles en un momento dado. Es posible que algunos de los contactos de Facebook o linkedin sean artificiales o que la fortaleza de otros lazos sea muy limitada, pero aún así, las herramientas Web2.0 son la única proyección masticable que tenemos de las relaciones interpersonales y, por ello, además de ser un buen divertimento, son tremendamente útiles para incrementar nuestros recursos y para optimizar su uso en la sociedad red.

Raúl Antón Cuadrado

PS: Si te pareció interesante este post, ayúdame a su difusión. Es fácil y gratis: sólo hay que pinchar en alguno de los iconos de aquí abajo. Desde el +1 de Google hasta un retweet, todos se agradecen.


[1] Un cluster de relaciones es un racimo de conexiones o también podríamos llamarlo una pandilla. Es decir, una zona de la red relacional en que las cinteronexiones entre los nodos tienen una gran densidad acercandose a ser de ‘todos con todos’.

A decir de los entusiastas de la teoría económica el único modo de gestionar un recurso es saber evaluarlo, darle un valor. En ese sentido, la tierra, el trabajo y el capital, tienen métodos claros de contabilización e incluso el conocimiento los tiene… aunque un más oscuros. Llevo años leyendo que el conocimiento de una empresa –todos estos modelos los venden las consultoras, así que se tienen que referir a empresas- es el valor de la empresa en bolsa, menos su valor contable. Esto es muy fácil de explicar. Veamos, si una empresa vale en bolsa 10M€ y sus activos (edificios, maquinaria, materias primas, débitos de los clientes, dinero de bolsillo, etc) valen 8M€, entonces su conocimiento (léase valor de marca, patentes, lo comprometidos que están sus empleados, lo bien formados que están…) vale 2M€. Fácil, ¿No? 10-8=2. Sin embargo, para tragarse esto hay que creerse lo de que el mercado regula todo y mirar hacia otro lado para no ver que cada día suben o bajan las acciones de una empresa sin que haya cambiado sensiblemente nada, por efecto de fuerzas tan ajenas al conocimiento que atesora la empresa dada, como la simple especulación.No me vale.

Aunque útiles para una primera conceptualización en ámbitos como los SSEE, pienso que ya están superados los modelos de graduación de la información que la dividían en datos, noticias, conocimiento y sabiduría u otras más pintorescas. Del mismo modo no pienso que sea útil caer en el vértigo si no se sabe medir cuantitativamente una cosa. El conocimiento, la información, es intangible y mesurarlo en euros para tratar de meterlo en un balance o una cuenta de resultados o para justificar el retorno de una inversión en Gestión del Conocimiento, implica caer en modelos simplistas como el que se ha visto arriba o en modelos mucho más complejos, pero igualmente ineficaces más allá de tener indicadores que nos dan una idea indirecta y sesgada. ¡Que se engañe quien quiera! Por ello, porque estoy más interesado en la comunicación de las personas que en la contabilidad de las empresas –que me aburre de un tiempo a esta parte- y porque me muevo mejor en el concepto que en los detalles, propongo el siguiente modelo del valor de la información. ¿Con esto se puede medir el valor de una información dada? Cuantitativamente no. Pero se puede ver estupendamente que algunas de las medidas del valor contable del conocimiento que circulan por ahí son terriblemente miopes.

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En primer lugar entiendo que la información no puede considerarse fuera de la consideración de quién la posee (el actor). Su poseedor la define precisamente al desvelar su dualidad pieza de información + posición en una red de relaciones, que no se tiene en cuenta en ninguno de los modelos clásicos. Una información no tiene un valor simplemente por lo que contiene su pieza de información o sus datos, sino por esto más un potencial de uso determinado por la posición de quien la ostenta en una red de relaciones. Esto explica que el mismo fragmento de información en manos distintas, tenga distinto valor. El actor es siempre un nodo de una red de relaciones, pero no tiene porqué ser una persona. O mejor dicho, un nodo no se define sólo con las relaciones de la persona, sino que se completa por las que se tienen por el rol jugado en un grupo social, institución, etc. Un cambio de roles de la persona hace, por lo tanto, variar el valor de al menos algunas de las informaciones que posee, porque podrían perder o ganar potencial de uso. El potencial de uso es un concepto clave. Hay que considerar que todo uso de una información, supone una difusión de la misma (parcial o total, más implícita o explícita). Dicho de otro modo, toda acción realizada y que viene motivada por alguna información da, al menos,  pistas sobre dicha información. Y por anterior la acción más sencilla –y no por ello menos eficaz según sea el efecto que se pretende conseguir- que se puede operar sobre una información, es comunicarla o difundirla. El potencial de uso es lo que da valor a una pieza de información. Y su uso actualiza este potencial –al cambiar por definición la red de relaciones sobre la que está definida por su propia difusión- y, por ello, modifica su valor. Por último, para no extenderme mucho. Otro modo de ganar valor para una información es aumentar el valor de la red de relaciones sobre la que está definida. Para ello, antes de la aparición de las herramientas de redes sociales de Web2.0, existía una barrera bastante restrictiva. No había una plasmación explicita de las redes de relaciones, por lo que se hacía tremendamente complejo analizarlas, de modo que se supiera cómo operar sobre ellas para hacerlas ganar valor. Con las herramientas de redes sociales se puede ver una proyección a estas de la red relacional de un actor (una persona puede, jugando varios roles, ser varios actores distintos con diferente red relacional). De modo que se puede razonar sobre esta plasmación explicita y establecer planes de acción para mejorar la red, haciéndola más extensa en determinados campos, potenciando conexiones hacia determinados nodos o clusters[1], así como tener más fácil el encontrar/recordar determinadas relaciones que pueden ser útiles en un momento dado. Es posible que algunos de los contactos de Facebook o linkedin sean artificiales o que la fortaleza de otros lazos sea muy limitada, pero aún así, las herramientas Web2.0 son la única proyección masticable que tenemos de las relaciones interpersonales y, por ello, además de ser un buen divertimento, son tremendamente útiles para incrementar nuestros recursos y para optimizar su uso en la sociedad red.

Raúl Antón Cuadrado

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[1] Un cluster de relaciones es un racimo de conexiones o también podríamos llamarlo una pandilla. Es decir, una zona de la red relacional en que las cinteronexiones entre los nodos tienen una gran densidad acercandose a ser de ‘todos con todos’.

A decir de los entusiastas de la teoría económica el único modo de gestionar un recurso es saber evaluarlo, darle un valor. En ese sentido, la tierra, el trabajo y el capital, tienen métodos claros de contabilización e incluso el conocimiento los tiene… aunque un más oscuros. Llevo años leyendo que el conocimiento de una empresa –todos estos modelos los venden las consultoras, así que se tienen que referir a empresas- es el valor de la empresa en bolsa, menos su valor contable. Esto es muy fácil de explicar. Veamos, si una empresa vale en bolsa 10M€ y sus activos (edificios, maquinaria, materias primas, débitos de los clientes, dinero de bolsillo, etc) valen 8M€, entonces su conocimiento (léase valor de marca, patentes, lo comprometidos que están sus empleados, lo bien formados que están…) vale 2M€. Fácil, ¿No? 10-8=2. Sin embargo, para tragarse esto hay que creerse lo de que el mercado regula todo y mirar hacia otro lado para no ver que cada día suben o bajan las acciones de una empresa sin que haya cambiado sensiblemente nada, por efecto de fuerzas tan ajenas al conocimiento que atesora la empresa dada, como la simple especulación.No me vale.

Aunque útiles para una primera conceptualización en ámbitos como los SSEE, pienso que ya están superados los modelos de graduación de la información que la dividían en datos, noticias, conocimiento y sabiduría u otras más pintorescas. Del mismo modo no pienso que sea útil caer en el vértigo si no se sabe medir cuantitativamente una cosa. El conocimiento, la información, es intangible y mesurarlo en euros para tratar de meterlo en un balance o una cuenta de resultados o para justificar el retorno de una inversión en Gestión del Conocimiento, implica caer en modelos simplistas como el que se ha visto arriba o en modelos mucho más complejos, pero igualmente ineficaces más allá de tener indicadores que nos dan una idea indirecta y sesgada. ¡Que se engañe quien quiera! Por ello, porque estoy más interesado en la comunicación de las personas que en la contabilidad de las empresas –que me aburre de un tiempo a esta parte- y porque me muevo mejor en el concepto que en los detalles, propongo el siguiente modelo del valor de la información. ¿Con esto se puede medir el valor de una información dada? Cuantitativamente no. Pero se puede ver estupendamente que algunas de las medidas del valor contable del conocimiento que circulan por ahí son terriblemente miopes.

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En primer lugar entiendo que la información no puede considerarse fuera de la consideración de quién la posee (el actor). Su poseedor la define precisamente al desvelar su dualidad pieza de información + posición en una red de relaciones, que no se tiene en cuenta en ninguno de los modelos clásicos. Una información no tiene un valor simplemente por lo que contiene su pieza de información o sus datos, sino por esto más un potencial de uso determinado por la posición de quien la ostenta en una red de relaciones. Esto explica que el mismo fragmento de información en manos distintas, tenga distinto valor. El actor es siempre un nodo de una red de relaciones, pero no tiene porqué ser una persona. O mejor dicho, un nodo no se define sólo con las relaciones de la persona, sino que se completa por las que se tienen por el rol jugado en un grupo social, institución, etc. Un cambio de roles de la persona hace, por lo tanto, variar el valor de al menos algunas de las informaciones que posee, porque podrían perder o ganar potencial de uso. El potencial de uso es un concepto clave. Hay que considerar que todo uso de una información, supone una difusión de la misma (parcial o total, más implícita o explícita). Dicho de otro modo, toda acción realizada y que viene motivada por alguna información da, al menos,  pistas sobre dicha información. Y por anterior la acción más sencilla –y no por ello menos eficaz según sea el efecto que se pretende conseguir- que se puede operar sobre una información, es comunicarla o difundirla. El potencial de uso es lo que da valor a una pieza de información. Y su uso actualiza este potencial –al cambiar por definición la red de relaciones sobre la que está definida por su propia difusión- y, por ello, modifica su valor. Por último, para no extenderme mucho. Otro modo de ganar valor para una información es aumentar el valor de la red de relaciones sobre la que está definida. Para ello, antes de la aparición de las herramientas de redes sociales de Web2.0, existía una barrera bastante restrictiva. No había una plasmación explicita de las redes de relaciones, por lo que se hacía tremendamente complejo analizarlas, de modo que se supiera cómo operar sobre ellas para hacerlas ganar valor. Con las herramientas de redes sociales se puede ver una proyección a estas de la red relacional de un actor (una persona puede, jugando varios roles, ser varios actores distintos con diferente red relacional). De modo que se puede razonar sobre esta plasmación explicita y establecer planes de acción para mejorar la red, haciéndola más extensa en determinados campos, potenciando conexiones hacia determinados nodos o clusters[1], así como tener más fácil el encontrar/recordar determinadas relaciones que pueden ser útiles en un momento dado. Es posible que algunos de los contactos de Facebook o linkedin sean artificiales o que la fortaleza de otros lazos sea muy limitada, pero aún así, las herramientas Web2.0 son la única proyección masticable que tenemos de las relaciones interpersonales y, por ello, además de ser un buen divertimento, son tremendamente útiles para incrementar nuestros recursos y para optimizar su uso en la sociedad red.

Raúl Antón Cuadrado

PS: Si te pareció interesante este post, ayúdame a su difusión. Es fácil y gratis: sólo hay que pinchar en alguno de los iconos de aquí abajo. Desde el +1 de Google hasta un retweet, todos se agradecen.


[1] Un cluster de relaciones es un racimo de conexiones o también podríamos llamarlo una pandilla. Es decir, una zona de la red relacional en que las cinteronexiones entre los nodos tienen una gran densidad acercandose a ser de ‘todos con todos’.

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