Prostituir la investigación con estudios de mercado

“La ilustración es la salida del hombre de la minoría de edad causada por él mismo. La minoría de edad es la incapacidad para servirse del propio entendimiento sin la guía del otro” (llamado atrévete a saber o sapere aude) Comienzo del ensayo ¿Qué es ilustración? (Kant, En defensa de la Ilustración 1999) Pág 63.

Incluso después del sapere aude, las resistencias para aceptar nuevas ideas por claras que fueran las pruebas no han sido excepciones. Valga como ejemplo el caso de la teoría de la evolución originada de los estudios de Darwin[1] y el olvidado Russell Wallace[2], y que todavía hoy tiene detractores –incluso en ámbitos tan desarrollados como USA[3] o Turquía[4]– basados en la pervivencia de un argumento de autoridad contra todo esfuerzo racional. ¡Claro! Uno de los pilares innegociables de un sistema religioso –y de cualquier otra teoría indemostrable- es el andamiaje de sus conceptos sobre un argumento de autoridad indiscutible… es lo que tienen las cosas que no se pueden probar, que cuando uno las discute se da cuenta que no son fáciles de justificar y comienza a corromperse la confianza. Me pregunto qué hubiera pasado con las grandes religiones si hubieran tenido a su disposición al nacer el poderoso sistema de propagación que supone Internet… ¡si con las herramientas adecuadas, hasta el Monstruo Espagueti Volador que está en la base de las creencias del pastafarismo[5], parece juicioso!… o al menos tan juicioso como otras explicaciones de la creación del mundo, que es, por otro lado a lo que aspira.

¿Otro ejemplo de cómo el argumento de autoridad constriñe las nuevas ideas y a los que se salen de lo segado? El del Tractatus Lógico-Philosophicus. Wittgenstein no le logró publicar durante años y cansado de intentarlo, se lo dio a Russell. Russell, consiguió publicarlo, en 1921, pero solo tras añadir una introducción suya que ocupaba la mitad del libro, oficiando así de autoridad sancionadora del contenido. Al final, las nuevas ideas de W. fueron aceptadas y publicadas, pero solo como mal menor para leer la parte de un Russell que ya tenía una gran fama.

Y es que curiosamente es la burocracia científica la que en ocasiones impide con más furia la innovación por el recurso de la autoridad. En palabras de Adorno, don Teodoro:

“el pensamiento es confiado por entero al control por parte de la organización social, mediante el hecho de que, por principio, toda manifestación científica debe ser comprobada por todo científico aprobado de la especialidad, sin importar sus dotes intelectuales, y toda realización intelectual debe ser nuevamente ejecutable por parte de cualquier otro” (Adorno, Theodor. Sobre la metacrítica de la teoría del conocimiento. Caracas: Monte Avila Editores, 1970. ) Pág 62.

Kuhn completó la descripción del efecto sobre la innovación de esta validación burocrática con el del asentamiento de esquemas retratado en el paradigma[6]. En la actualidad, sin embargo, la oligarquía caciquil y en gran medida senectocratica de la comunidad científica ha dejado paso a una forma de censura mucho más democrática y por ello más efectiva y violenta. Asumiendo el criterio de performatividad de Lyotard[7] en el

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ámbito actual de ebullescencia tecnológica, Ciencia y Negocio están imbricados y el juez que sanciona si una idea es buena o mala, no son los pares, sino el mercado, que no dejan de ser sino ‘modelos que no se han sometido a verificación experimental’[8]. Dicho de otro modo. El que manda es el mercado, pero el mercado es algo que nadie sabe muy bien qué es.

¿Y esto qué significa? Pues que al final la aceptación de una nueva idea debe a la percepción que de ella tengan ‘los agentes del mercado’. Y sabiendo que las ideas nuevas no siempre son bien admitidas y con lo caro que es investigar… puede que sea juicioso invertir primero en hacer publicidad de una innovación que aún no existe y comprobar sus efectos. Una vez se ha asegurado –si se consigue- que haya alguien dispuesto a acogerla o comprarla –sean los curas, un mecenas, los que reparten subvenciones o los consumidores-, entonces y solo entonces, se da comienzo a la investigación y su desarrollo. No hemos inventado la rueda, esto no son ni más ni menos que los estudios de mercado. Lo peligroso es que se utilicen también para decidir qué se investiga, porque en este punto se habrá retorcido el concepto de Ciencia hasta prostituirla en el más estricto sentido de la palabra.

Y hay otra conclusión un tanto pintoresca. Lo de vender la piel del Oso antes de cazarlo, más que una estupidez, comienza a ser un no-negociable en el ultraveloz esquema económico de liberalismo mundializado por la red.

Raúl Antón Cuadrado


[1] Darwin, Charles. El origen de las especies. Barcelona: RBA, 2002.

[2] Russel Wallace, Alfred. Viaje al archipiélago malayo. Madrid: Espasa-Calpe (Austral), 1964

[3] (Scientific American 2008) Contiene un mapa por estados del evolucionismo en la enseñanza. Si bien en Scientific American, March 2002, “Down with Evolution!”, la situación parece empeorar. Scientific American. “Creationism Controversy: State by State [Map].” Scientific American. 10 09 2008. http://www.scientificamerican.com/article.cfm?id=creationism-controversy-state-map (accessed 02 01, 2011)

[4] Noticias Msn 26/01/2011. “El creacionismo gana terreno en el sistema educativo de Turquía.” Noticias Msn. 2011 01 26. http://noticias.latino.msn.com/internacionales/articulos.aspx?cp-documentid=27412876 (accessed 02 2011, 02).

[5] venganza.org, wikipedia

[6] Kuhn, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas. Madrid: Fondo de cultura económica, 2006.

[7] Lyotard, F. La condición postmoderna. Madrid: Cátedra, 1994.

[8] Textualmente ‘modèles qu’ils n’ont pratiquement jamais l’occasion de soumettre à l’épreuve de la vérification expérimentale’ Bourdieu, Pierre. “L’essence du néolibéralisme, Bourdieu en Le Monde Diplomatique.” Le Monde diplomatique. 03 1998. http://www.monde-diplomatique.fr/1998/03/BOURDIEU/10167 (accessed 02 02, 2011).

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