Crítica, Arte e Internet en 1650 caracteres

En el principio, el Arte era un estado mental. Después el demonio liberal llamó Arte a las obras para poder venderlas, lo que hizo valer más un calendario de gatitos que el concepto del cubismo –de necios confundir valor y precio, machado dixit-. Así, el significado de lo que es arte, es variable porque lo dicta el mercado y lo que no se puede reificar, no se vende y no vale nada.

Atribución flickr.com/photos/alicenwondrlnd/2353460163... la repetí, pero es que me encanta

Este mercado no sujeto a la ley de escasez, necesitaba crear las corrientes y la crítica se apropió de ellas. Desde entonces viene creando y validando, estos lenguajes de lógica mercantil y clasificatoria que definen marcos comprensibles para las obras de arte. Además de atufar porque se funda sobre el argumento de autoridad, la crítica ha estado siempre cambiando las modas, para ‘ir por delante’ y gozar recordando a los mortales lo tontos que somos, con un doble efecto. Entroniza opciones insustantivas por la necesidad de sacar algo nuevo y espolea al público que, sin ella, seguiría anclado en Altamira por, al 50%, autocomplacencia y vagancia intelectual.

Ahora Internet elevó sobre la oligarquía de la crítica cacique, necesaria descubridora de nuevas formas, a la purria con acceso al bandwith que, pese a quien pese, se decanta por lo que le da la gana. Miles de opiniones –se pueden emitir en entrelectores incluso sin leer el libro o el post en meneame- contribuyen a institucionalizar un veredicto, mucho más presente y eficaz que las propuestas de los críticos. La nueva lógica del mercado, de dar al público exactamente lo que quiera para adormilarle mientras le endiña mensajes publicitarios, puede ahogar la crítica que, en otros momentos, no dejó expresarse a la purria. ¡Al final tendremos que preservar a los críticos de la dictadura de la masa para proteger la sociedad del estancamiento en esquemas manidos y evitar su abotargamiento cultural!

Raúl Antón Cuadrado

2 replies »

  1. Aunque exista o no la crítica, escribe el poeta, que es como decir que escribe una persona. No existe distancia entre ambos: los dos son uno, es como son, con su memoria, con su honda percepción de una realidad pasada que es traída al presente para ser vivida con la misma intensidad que entonces. ve porque sabe mirar; ve lo que acontece y lo que le acontece y, en esos instantes breves en que los demás hacemos del tiempo un tránsito indiferente por las cosas, por los seres, él impregna su retina de imágenes y de personas y vuelca sobre ellas no sólo una empatía desaparecida del sentir general de una sociedad desapercibida, sino que la tamiza con la criba de su lirismo excelso, de su entraña tensa y dispuesta, en guardia siempre para acoger aquello que se desliza por los límites de la luz. En esa frontera difusa, es más poeta porque es más hombre, como ha sido más niño y como ha sido más hijo y es más amador. Si dice del amor, lo dicta en carne y hueso, y lo escribe con la pausa que el amor necesita cuando irradia en toda su intensidad. Y será que la crítica ya no importa…

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